Salir del armario, ¿cuestión de salud sexual?

Hoy, 14 de febrero, es el Día Europeo de la Salud Sexual. En vez de hablaros de qué se entiende por Salud Sexual o de a quién se le ocurrió cambiar al querubín de las flechas por esta celebración, prefiero perderme en mis reflexiones sobre un tema que últimamente ronda mi cabeza: ¿es salir del armario una cuestión de salud sexual?

 Antes de decir sí o no, debo definir qué es para mí “salir del armario” o, mejor dicho, a cuántas personas les afecta esto de salir del armario, porque creo que no somos en general nada conscientes.

Asociamos “estar en el armario” con el colectivo LGTBI+, pero la realidad de la diversidad sexual es mucho más compleja. En realidad, todas las personas que representen cualquier modelo identitario, vivencial, de deseo o práctica erótica no normativa son susceptibles de tener que vivir en un armario.

Ahora, dicho de manera sencilla, todo aquel que se aleje del esquema de “tío con pene con tía con vagina juntos y con aspiraciones a seguir así para meter el pene en la vagina, disfrutar y orgasmar” vive en un armario.

Tenemos personas que están en armarios por su identidad, otras por su orientación, otras por su corporalidad, pero también hay armarios para quienes “no lo hacen como Dios manda” o para quienes no tienen un modelo normativo de pareja.

Todas estas personas esconden parte (mayor o menor, pero a fin de cuentas, siempre de altísima relevancia) de su vida a algunas o todas las personas de su entorno. Eso significa que quienes viven fuera de la normatividad con mayor o menor frecuencia mienten, construyen coartadas y viven cosas que para otras es tan sencillo como mostrar quiénes son y cómo aman como toda una odisea.

El estrés, la ansiedad, el rechazo social sentido que puede llegar a ser interiorizado (generando situaciones como la de la homofobia interiorizada que conlleva una no-aceptación de su orientación y sus deseos)… son más o menos habituales en las personas ennarmariadas por nuestra estrechez de miras.

Espero que nadie a estas alturas de mi blog y de vuestras dudas ose ponerme en duda que no podemos hablar de salud si no hablamos también de bienestar, de satisfacción vital. Que no podemos ignorar las complicaciones derivadas del secretismo, que supone un factor de riesgo en la satisfacción con respecto a la vivencia de la sexualidad de cada cual.

Dicho secretismo, además de un menoscabo de la salud sexual, también repercute en un aumento de la vulnerabilidad o del riesgo de exclusión. Ello es una consecuencia directa de que las personas con sexualidades no normativas se enfrentan a diferentes tipos de discriminación (tanto social como estructural) incluso en nuestras sociedades. Haciéndolas víctimas de diferentes tipos de violencias (acoso en red o presencial, kinkshaming, mobbing…).

En definitiva, sí, sí, sí y cien mil veces . Los armarios son una cuestión innegable  cuando queremos hacer una valoración de la salud sexual de un colectivo o de una persona. En un mundo en el que aún muchas formas de vivir y amar son discriminadas, sigue siendo un camino muy cuesta arriba pertenecer a las minorías.

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