Del mal-llamado ‘sado-maso’ y el lado oscuro de la erótica

Si sois más ‘bastos que un arao’ o personas ajenas al fenómeno Cincuenta sombras de Grey, las siglas BDSM os dejarán un poco fríos. Pero si os digo ‘sado-maso’ o, el aún más resumido, ‘sado’ nos hemos entendido perfectamente. Sin embargo, ¿cuánto nos hemos entendido? Seguramente, con quienes no sean del mundillo, más bien poco.

Algunas muestras de diversidad de la sexualidad humana siguen levantando ampollitas, resquemores y desconfianzas. Incluso prejuicios y condenas. Todo porque seguimos siendo mucho más tradicionales de lo que pensamos y restringimos el placer a determinadas fórmulas y partes del cuerpo. Pero ése no es el tema hoy. El tema es el BDSM.

Bondage-Disciplina / Dominación-Sumisión / Sadismo-Masoquismo

Podríamos escribir ríos de tinta cibernética de las complejidades de cada concepto de estas siglas, pero tampoco vamos a ir hoy spoileándolo todo. Hoy solo quiero introduciros cinco ideas clave para entender el BDSM:

1. Como todo juego erótico tiene sus jugadorxs, sus reglas, sus tableros y ritmos 

Vaya tontería, pensaréis. Pero no lo es tanto.

Muchas veces la ignorancia lleva a pensar en situaciones de esclavitud total donde quien obedece no dice ni pío y quien manda parte y reparte. Pero no, es un juego y la gran ventaja de los juegos eróticos (porque si no son recíprocos ya no son juegos, sino agresiones y otro tipo de abusos) es que son muy paritarios. Quienes participan lo definen, lo construyen y lo remodelan, para que les vaya como un guante.

2. Algo más que 'follar duro' 0 'con un par de cachetadas'... o no

Insistimos y vamos un pasito más allá de la idea anterior. Hay tanta diversidad de modelos de BDSM como personas, escenas y situaciones ‘BDSMeras’ se den. La definición final de la relación BDSM que se construya será fruto de los acuerdos y consensos de las personas participantes en la misma.

Hay quienes son felices en un formato de sesión o encuentro, hay quienes necesitan que se expanda en la relación, hay quienes lo amplían a un 24/7 (24 horas al día, 7 días a la semana)… Igual que hay quienes ponen en juego algunas partes de la anatomía y no otras, o quienes se limitan a determinados estímulos o excluyen por completo otros. Para gustos, colores.

3. El BDSM NO es maltrato 

Repitámoslo, por si acaso no se ha entendido: NO es maltrato, NO es maltrato, NO es maltrato. No obstante, no es el mero consenso de las partes lo que diferencia el BDSM del maltrato. La reciprocidad de quienes participan y la satisfacción son otros dos factores clave.

Os haré una comparación algo estrambótica pero sencilla. Adoro los gatos. Me encantan. O sea, me enamoran. Soy la crazy cat lady. Pues bien, por más que me empeñe en querer a un peluche de gato difícilmente esa relación será recíproca y satisfactoria. ¿Que son fáciles de confundir? ¡Claro que sí! Especialmente si el peluche es muy bueno o si tengo muchas dioptrías; pero no son lo mismo.

¿Qué es lo peor? Que por mojigatería nos hemos centrado más en prohibir para evitar supuestos y posibles males mayores que en pensar en lo siguiente: ¿y si doy pautas de prevención para la identificación de conductas tóxicas o abusivas? ¿Y si me encargo de empoderar a quienes disfrutan de ello para que sea plenamente satisfactorio? ¿Y si le doy a la gente gafas para ver la diferencia entre el BDSM y el maltrato? Algunos dirán, ¿cómo? Yo lo tengo claro: con sexología.

4. No te preguntes por dónde empezar porque tal vez ya hayas empezado

¿Quién no se ha sentido jamás intimidado en algún ámbito de la sexualidad? Pues cuando le va el lado oscuro del deseo pasa igual o más. Hay cierta creencia de que la gente nace sabiendo, especialmente, en algunos ambientes sibaritas y el mundo del BDSM no iba a estar exento de esa soberbia. Pero, Keep Calm.

Has tenido tus deseos, has tenido tus pinitos, tal vez hasta tus sesiones o encuentros. No tengas prisa por la perfección y ve sumergiéndote poco a poco. Yo te recomiendo el triple ‘CON’: CONocimiento, CONfianza y CONsentimiento. Y ya si le pones un ‘AUTO’ por delante, lo bordas. "Caminante, no hay camino, se hace camino al andar".

 

5. Porqué insisto en llamarlo lado oscuro del deseo 

Después de esta actitud aperturista, que linda tal vez entre el cultivo y cierta permisividad (estratégica, más que activista), me podríais preguntar tranquilamente: ¿por qué carajo seguir hablando del lado oscuro del deseo? Pues porque lo es.

No porque haya oscuridad obligatoriamente. De hecho, el BDSM va bastante más allá de sitios oscuros y tenebrosos llenos de máquinas de tortura. Es más, esto tiene más que ver con la paja mental que nos montamos en la cabeza cuando lo desconocemos.

Pero, precisamente por ello, sigue siendo el lado oscuro del deseo. Sigue siendo algo que no se comenta entre birras, sigue siendo algo que quienes lo practican y quienes lo viven lo hacen con discreción, a veces hasta secretismo… sigue siendo ese lado desconocido, inexplorado e ignorado públicamente del deseo.

Cosa que, dicha sea de paso, sólo puede ser para nuestra desgracia. Ya que, en la sexualidad, la ignorancia, rarísima vez nos da la felicidad.

Como veis, el BDSM tiene mil y una complejidades. De las cuales aún unas cuantas tengo por descubrir, explorar, disfrutar y, lo más importante, casi todas ellas, por compartir con quienes me lean. Pero es importante que vayamos limpiando esa imagen tan bizarra generada por el desconocimiento y nos acerquemos más a esa realidad cotidiana que realmente es. Porque el BDSM no es más que otra manera más de desear, expresar deseo y disfrutar.

 

(Publicación original en: www.somospeculiares.com) 

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