Rosa que te quiero rosa

No es que sea yo muy de causas y, de hecho, lamentablemente habrá algunas que se me pasen. No obstante, en esta ocasión me quería detener a escribir unas pocas líneas sobre algo que creo que no siempre nos paramos a pensar.

Hoy es el día de lucha contra el cáncer de mama. Según la AECC, la probabilidad de supervivencia a este tipo de cáncer aumenta anualmente un 1’4% debido a las investigaciones en curso. No obstante, en cualquier cáncer, además de la probabilidad de supervivencia hay una cuestión clave: las secuelas.

Tal vez nadie se paró a pensar en lo relevante que puede ser, en alguien que se siente mujer, la posterior apariencia de los pechos a una mastectomía. Y no es sólo a nivel personal, las cicatrices, en otras situaciones tal vez consideradas hasta “sexy”s, pueden suponer un motivo para el rechazo social, tal y como se vio en el caso de Beth Whaanga.

Estas secuelas pueden llevar a estas mujeres a sentirse completamente antierotizantes, con lo cual, se vuelven ellas mismas aeróticas; rechazando el contacto erótico por miedo al juicio, a la mirada de sorpresa, al trato diferente a esa parte de su anatomía,…

Por eso, en el día de hoy quería recordar tres cosas:

La prevención es fundamental: Cuanto antes se diagnostique mayor índice de supervivencia. Para ello, no olvides el autoexamen mensual y las revisiones ginecológicas como nos recordaba la simpática campaña chilena Tócate y Cuídalas

El acompañamiento, también: En la lucha contra el cáncer, como contra cualquier otra enfermedad de peso importante, el acompañamiento de un psicólogo tanto para quien lo padece en primera persona como para los seres más cercanos puede ser un apoyo de gran ayuda. En Guipúzcoa un gran ejemplo de esta labor la desarrolla Kemen Psicología; con personal especializado en psicooncología.

Después, quiérete tanto o más que antes: Una vez pasado el cáncer, el volver a quererse (no simplemente aceptarse) es un camino que andar, ya sea con ayuda de los seres queridos, de atención de algún/a profesional o incluso de remodelaciones físicas (operaciones estéticas, tatuajes reconstructivos o decorativos,…), si cada una lo viera necesario.

Porque, pasada esa dura batalla, no sólo el amor y la ternura, que muchas veces no desaparecen durante el proceso, sino también el juego de la deseabilidad, que a veces pasa a un segundo plano, tienen que volver a reforzarse, para volver a un estado de bienestar tal como el anterior al proceso. Es decir, para seguir siendo la mujer sexuada y erótica que somos.

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