Qué es sexo

“…Dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul. ¿Qué es sexo? ¿Y tú me lo preguntas? Sexo, eres tú”.

Ojalá fuese suficiente decir eso para que se entendiera a qué nos referimos con sexo. Pero sabemos que no. Sabemos que la palabra “sexo” tiene cierta connotación negativa al entenderla como cualidad. Y es, precisamente, porque se ha desvirtuado el concepto; se ha transformado y ya no representa, en el ideario general, eso que queremos que represente.

“Sexuenea es el espacio de los sexos”… Y os sale del alma decir: “Espera, espera, espera,… ¿¡a qué te refieres con sexos!?”, “¿¡no serás una binaria cis-heterosexista, no!?”, “¿¡no serás una biologicista de m****a!?”. RELÁJENSE LAS FIERAS. Y enciendan todos sus sentidos.

Yo suelo hablar de sexos. (Prácticamente) Siempre en plural y en referencia al sexo que eres. Y cuando me refiero a ese sexo que eres, no es eso que tienes entre las piernas.

Me refiero a ese sexo entre tus orejas. Básicamente, tu sexo eres tú. Tu sexo es tu forma de ser en este mundo. Tu forma de ser mujer, hombre, trans, genderfluid,… lo que sea con lo que te definas; el nombre que elijas no me importa. Es tu forma concreta de construirte compuesto por aspectos femeninos y masculinos, tu composición identitaria, lo que para mí es el sexo. Lo que a mí me importa, es lo que vives y cómo lo vives. Entenderte, sin juicios.

Pero a ver, entonces, ¿¡qué más da si femenino o masculino!?” No da igual. Nunca da igual. Es más, soy de la gente que opina que sería una pena perder esta diferenciación, en contraposición a quienes opinan que el mundo podría ser mejor sin su existencia. Soy de la clase de gente que opina que es el mundo el que debe sexualizarse.

¿Que a qué diferencia me refiero? Porque esa es otra. A diferencia de quienes buscan eliminarlas, a mí me gustan estas diferencias, estos modos, porque varían de persona a persona.

Porque femenino y masculino son dos polos aplicables a cada una de nuestras características. Es decir, que no somos un ladrillo rosa o un ladrillo azul, sino que somos una casa con ladrillos de todas las tonalidades posibles entre el rosa y el azul.

Llegados a este punto, la pregunta es inevitable: “Entonces, ¿el género qué?”. El concepto género me parece un concepto muy útil, ¡faltaría más! Ha sido el concepto que, desde el feminismo, ha permitido visibilizar todo lo que había de social en las identidades. Una herramienta de gran valor para mostrar… no diría yo que somos iguales, sino que somos únicxs, cada cual a su manera y, por tanto, la identidad expresada, la corporalidad,… no es condicionante de nuestras capacidades y tampoco debería ser condicionante de derechos.

NO se niega el género como realidad. En ningún momento. Ni por asomo. Si no que se amplía el marco de lo que se entiende por sexo y el género sería, en este contexto, algo así como un sexo social. Pero ya debatiremos sobre esto más… y volvamos a lo que nos corresponde aquí.

El sexo, en definitiva, es tu vivencia, tu manifestación sexuada en el mundo, el mix de tu corporalidad, con tus modos de actuar, sentir, pensar,… tu específica forma de ser. Tu sexualidad es tu experiencia, tu forma de vivir tu sexo, construido por ti mismx, más allá del hombre-o-mujer, más allá de toda lógica del esto-o-aquello. Y de eso hablaremos aquí.

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