Los puntos sobre las í-es

 El punto G de ellos… el punto G de ellas… ¡cuánta popularidad! ¡cuánta curiosidad despiertan!... y ¡cuánto humo se vende! [1]
Sí, humo. Lo siento, pero humo.
Porque en tanto que no se hable de todo lo importante, sólo hay medias tintas. Por ello, analicémoslo a fondo.
 

Qué hay de cierto
Los conocidos como puntos G masculinos y femeninos[2] o punto H y punto G, respectivamente, son puntos que, bajo la estimulación idónea
pueden llegar a provocar la eyaculación y/o el orgasmo; en ambos sexos.
 
Sí, eso es lo primero que muchas veces se deja en el tintero; que ambos sexos pueden eyacular y que, a veces, esta estimulación es la que con más facilidad provoca la eyaculación femenina. De hecho, la enfermera Beverly Whipple fue quien trajo del olvido el descubrimiento del Doctor Graffenberg al sentirse curiosa por saber más sobre por qué algunas de las mujeres incluso en consulta eyaculaban. De ahí llegó al punto G, porque éste coincidía con una alta excitación. Sin embargo, no siempre es así.
Normalmente, en otros artículos para ahora ya os han dicho cosas como “los mejores orgasmos”, “los más intensos”,… Vale, pues yo no lo diré. Claro que es una estimulación lo suficientemente alta como para provocar la eyaculación. Sin embargo, no siempre resultara placentera durante la estimulación. ¿Por qué?
 
En el caso del punto G femenino, mientras se estimulan las glándulas de Skene (las glándulas que generan el líquido eyaculado) también se pueden estimular la parte interna del clítoris y la uretra. Tengamos en cuenta la corta distancia entre la uretra y la vejiga en el caso femenina están muy cerca. Por lo que no sólo podría darse esa sensación “parecida” a la de las ganas de orinar, sino que tal vez estemos despertando esas otras ganas. Otras veces es posible que no sea el momento idóneo para eyacular, sobre todo si se hace de forma abundante[3]. Claro que, para gustos colores. Depende de cada uno, como con cualquier otra cosa. Por ejemplo, una zona habitualmente no muy agradable para la estimulación mediante la penetración suele ser el cuello del útero, sin embargo, a otras, dependiendo del día, la cercanía en el impacto les excita mucho… ¡¡tantas formas de disfrutar como mujeres y hombres!!
 
Con respecto al punto G masculino. Está claro que muchas veces hay muchísimas creencias con respecto a disfrutar a través del ano que paraliza a muchos chicos (ya que la mayoría de las personas con un punto G masculino son hombres). Todo por creencias irracionales y malentendidos fruto de mezclar el sexo que se es, con el que se hace, con el que se tiene.
Por tanto, puede que vayamos de modernos y queramos “sorprender a nuestro chico”, como sugieren algunos siempre que hay que hacer. Entonces, vamos y… ¡sorpresa! Vale, eyaculación es probable que haya. Ahora, no creáis que vuestro amante vaya a cambiar sus creencias de golpe y porrazo; puede que éstas sean más fuertes que el hecho de disfrutar de ese tipo de estimulación… triste pero cierto. Y a veces no conseguiremos que eso cambie.
Tal y como a veces los sexólogos no hacemos cambiar la creencia de que la penetración y el orgasmo son lo más
importante… Triste pero cierto esto también.
 
Lo curioso sobre los puntos G
No obstante, hay algo interesante con respecto a estos puntos.
No hay muchas investigaciones sobre la eyaculación femenina, aunque cada día hay más… pero los resultados siguen siendo a veces contradictorios. Sin embargo, la más que fiable investigación del Doctor Francisco Cabello encontróPSA[4] en las eyaculaciones femeninas. El PSA es líquido prostático, es decir, que lo genera la próstata.
Por tanto, las glándulas de Skene serían una pre-próstata, o más bien la próstata sería un post-Skene si tenemos en cuenta la teoría de la evolución embrionaria.
Este hecho nos vuelve a demostrar que hombres y mujeres somos intersexuales, y que no sólo las personas con genitales ambiguos merecen esta etiqueta (reduciendo el concepto de sexo). Sino que cada uno tiene su peculiar forma de intersexualidad. Y ésta puede ser una; el tener lándulas de Skene; ya que parece que no todas las mujeres con cuerpo femenino las tienen.
 
Vayamos un poco más allá…
Volviendo al asunto de los puntos. En lo que a encuentros excitativos se refiere recuerdo que una vez una persona me preguntó una vez preocupada a ver si era “normal” que le gustase que le pellizcaran los pezones (habéis puesto cara rara leyendo esto, menos a quienes también os gusta y a algunos igual se os ha despertado la curiosidad).
Pues bien, esta persona era tan rara como cualquier otra. Lo que ocurre es que en nuestra anatomía hay diferentes partes del cuerpo que tienen más y menos sensibilidad. Y dependiendo del nivel de sensibilidad y de nuestras preferencias a la hora de la estimulación (si la preferimos suave, ruda, acelerada, tranquila,….), cada uno podemos encontrar mil y un puntos G por nuestro cuerpo.
Es más, yéndonos un poco del tema.
Lo realmente beneficioso podría ser que no tuviésemos ningún “punto X – Peligro, no tocar”. A fin de cuentas, acariciándonos, masajeándonos, pellizcándonos y golpeándonos, incluso, podemos ir encontrando nuevas áreas de placer. Pero lo preocupante es cuando, por compararnos con referentes estéticos inexistentes, castigamos una parte de nuestro cuerpo con el odio o el rechazo.
Ya que este estímulo sí que es capaz de apagarnos por completo en función de nuestro nivel de desagrado con respecto a esa parte de nuestro cuerpo.
 
Los puntos de la locura
Por eso, quiero recordar el grito de Melanie Griffith al final de la película “Un regalo para papá”, aquello de que el punto que enloquece a una mujer al tocarlo es el corazón… pero no para acabar con esa tradicionalidad, sino para recalcar que cada cual, cada una y cada uno, en cada momento de su vida y con cada amante que tenga encontrará sus puntos del placer…. Y sus líneas y sus curvas.
Algunas serán a veces tan poderosas que les conduzcan al orgasmo con una leve caricia. Y otras tan increíbles que podrán tranquilizar su corazón en el peor de sus días. Otras tan mágicas que podrán alegrarle una mañana de rutina…. Porque orgasmar no es ni el único placer en la vida, ni el que siempre nos va a apetecer.

 


[1] Si no conoces los genitales o no estás seguro sobre la ubicación de algo clicka aquí.
[2] De ahora en adelante, el punto G masculino hará referencia al que se encuentra en en la
estructura interna de los genitales masculinos, que no “de hombres” y lo mismo con el femenino, que no “de mujeres”.
[3] Ya estás list@ para la calle, pero quieres masturbarte,… pero no provocarte una
eyaculación con el orgasmo porque no tienes tiempo a cambiarte de ropa. Por
poner un ejemplo tonto para los poco imaginativos.
[4] Antígeno Prostático Específico

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