En tiempo de odio: la sexología seguirá cultivando

No es el momento de hablar de casos particulares, con nombres y apellidos, pero sí es tiempo de encender una alerta para quienes compartimos profesión, para quienes nos conocen y con quienes tendemos puentes y, cómo no, para la sociedad en su conjunto. Una alerta sobre la deriva del context político y social actual de España en el que las voces que incitan al odio hacia la diversidad y quienes la defienden como realidad parecen cada día más fuertes. Una señal de precaución ahora que incluso colegas de profesión están enfrentándose a estos discursos a diario.

Aunque sí sería la primera vez que sucede en España, no es la primera vez que tiempos de odio amenazan a la Sexología. En 1933 la Sexología ya tuvo una importante pérdida con la quema del Instituto para la Ciencia Sexual (Institut für Sexualwissenschaft) en Alemania. Su director, Magnus Hirschfeld, que también fue quien formó la “Liga mundial por la reforma sexual”, sólo vivió dos años más; que fueron en el exilio.

Quien más quien menos, cuando amanecemos entre las noticias que nos ofrece el actual contexto de nuestro país, siente que, si “nos despistamos”, básicamente, si lo dejamos pasar, volverán tiempos difíciles. Tiempos en los que la sexualidad humana y su inherente diversidad volverán a ser una realidad acallada con intolerancia y violencia. Tiempos que al viejo continente debería darle vergüenza ajena que volvieran a aparecer.

Es, por tanto, responsabilidad de quienes nos dedicamos a la Sexología alertar sobre el alto riesgo que se corre de seguir un camino donde los discursos de odio son los únicos que tienen cabida.

Para ello la mejor forma, sin duda, es seguir trabajando y aportando, como lo venimos haciendo a diario, cada cual desde el tiempo y el peso que le ofrece a la Sexología en su vida, pero sin dejarla de lado nunca. Cuando creamos espacios para cultivar la sexualidad, aceptar la diversidad y ponerla en valor, es cuando la Sexología cobra todo el sentido y cuando toda la sociedad es capaz de valorarla, sentirla necesaria y hacerla suya.

Es otorgando herramientas para entenderse, vivirse y aceptarse tal como son, que quienes desconocían la Sexología pasan a comprenderla como lo que es: una ciencia, un marco teórico, hablando en plata, una explicación de cómo somos y porqué somos así, que nos ayuda a conocernos y a convivir.

Unas gafas que, en ningún momento, se imponen sobre criterios personales y valores adquiridos en otros ámbitos de la vida, sino que nos ayudan a crecer tal como nos importa hacerlo.

Por eso, ahora que la Sexología vuelve a vivir en tiempos del odio, es cuando más merece la pena darla a conocer, acercarla a la sociedad. En definitiva, trabajar con ella y desde ella, para que todas las virtudes que ya conocemos quienes la estudiamos, lleguen a todas partes. Creando así una red tejida con mimo y dedicación incapaz de ser destruida por el odio. Una red fuerte y segura, capaz de enfrentarse a las adversidades que están y vendrán.

 

 

 

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