Degeneraciones, parafilias, anclajes

 Tras tanta vuelta, ahora sí, nos toca hablar un poco de lo que se hace… o de lo que se desea. Pues, más veces de lo que pensamos, éstas que aún se llaman 'parafilias' son deseos y fantasías que desarrolladas en el mundo de la mente satisfacen a más de uno.
 

Primero, parémonos a pensar en qué nombres ponemos. Sinceramente, degeneración me parece un nombre más correcto que parafilia (¡uy, lo que he dicho!). Pues sí. Degeneración quiere decir lo que no sirve para la generación, es decir, para generar nueva vida y, muchas veces, todo lo denominado 'anormal' en la erótica ha sido porque no concordaba, aparentemente, con el deseo “normal” de “tener hijos”, luego, copular. Por eso me parece más que correcto, pero no porque sean cosas “anormales”, que no lo son.
 
Sin embargo, el término parafilia, que sigue en boca de muchos y se considera hasta políticamente correcto; significa más allá o fuera del amor. Y me niego. Digamos que esta “nueva forma”, que parece más light, en cuanto damos con su etimología es aún más peyorativa, porque, ya de por sí, dejando de lado la connotación o la definición a posteriori, implica que ninguna forma que no sea “la correcta” será una forma de amor, en realidad.
No obstante, dejándome ya de lecciones algo liosas, mi apuesta, sobre todo, va por peculiaridades eróticas y anclajes. PERO, cuando hablo de peculiaridades o de anclajes no me refiero a “esas formas no normales” o “más especiales”, como dirían otros. Hablo de los deseos, las preferencias, las fantasías, los fetiches de cada cual y éstos pueden ser, desde una habitación llena de pétalos de rosa y velitas, hasta una habitación llena de látigos que, ojo, ni si quiera son tan contradictorios o incompatibles como algunas personas están empeñadas en hacer creer al resto.
 
Ambas formas son peculiares y concretas formas en las que un sujeto  desearía tener un encuentro o en las que un sujeto desarrolla una fantasía. Porque, por muchas rosas y velas que haya en el escenario, de un escenario a otro puede haber un abismo, debido a lo diferentes que somos.
Por ello, no tiene sentido hablar de normalidades o de anormalidades más allá de las normalidades estadísticas que, a día de hoy, no sabemos a ciencia cierta
si las hay o no. Tiene sentido hablar de “chac un à son goût”, de una forma tan concreta y peculiar que puede que no sobreviva al mañana porque ya mañana tus
deseos irán en otra dirección.
 
Así, cada uno, a lo largo de su vida, va construyendo anclajes y va sustituyéndolos o transformándolos, incluso combinándolos. Va creando todo un repertorio de fantasías y deseos entre los cuales escoger según el día, el momento vital, la persona,… y eso es lo realmente enriquecedor de la erótica: encontrarse, conocerse y tener el amplio repertorio que nuestra biografía nos lleva a tener.

 ¡Qué más dará si me gusta que me laman la oreja o me olisqueen el pie! ¡Lo que importa es que quienes nos encontremos podamos disfrutar de la experiencia!

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